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lunes, 13 de junio de 2016

Crímenes Perfectos - Capítulo III

Tengo insomnio.
Siempre tengo insomnio.
A veces siento mareos, no tengo forma de saber si se deben a alguna falla de mi organismo, si es por el pánico, por una baja de presión, por el insomnio, o porque una tragedia está por venir. Simplemente me mareo. Miro el lugar colmado. Esta vez no hay blancos en la parte trasera, realmente no cabe un alfiler. Los cuerpos chocan entre sí luchando por mantenerse en pie, aunque no hay espacio para caerse, inevitablemente se chocaría con otro cuerpo que impediría la caída. Los hombres ya están en cuero con sus torsos bañados en sudor. Algunas mujeres hacen lo mismo solo que lucen una bikini sentadas sobre los hombros de algún amigo. Hay humo porque tenemos una de esas máquinas que tiran humo, y pienso que tal vez no sea buena idea. Los más fieles y fanáticos están hace horas aferrados a la baranda de seguridad, una primera fila incómoda, solo la muerte haría que soltaran esa baranda. Son los primeros en gritar cuando la moto acelerando que abrirá el show comienza a sonar, y son los primeros en gritar “vamos Lole”, cuando ella hace sonar los tambores que anuncian el corte que dará rienda suelta a la pegadiza melodía de Moves Hot.
Estoy mareado, me cuesta respirar y la imagen de Ángela agonizando se me repite en mi retina una y otra vez. Me siento un mártir. Tengo que hacer algo que no quiero para evitar un mal mayor. Se me vienen a la mente también las imágenes de la represión policial en las afueras. Por inercia, azar y suerte, mis dedos tocan el teclado justo a tiempo. Comienza la melodía principal y como  ocurrió en Córdoba no escucho absolutamente nada. La gente canta y salta, no le importa que Ton no tire octavas en su bajo, que Braian no use efectos en sus guitarras, que Lole meta platillos donde no van. A la gente no le importa que la mujer que amo pueda morir de un momento a otro, ni que la justicia federal nos separe. A la gente no le importa que los hayan cagado a palos afuera, ellos creen que valió la pena.
Con la adrenalina en niveles más bajos comenzamos a tocar la segunda canción, una joyita según la prensa especializada, Vampire’s Blues suena relativamente bien, es una canción larga, con varios cambios, y no nos caracterizamos por ensayar mucho. Confiamos en nuestras limitadas aptitudes artísticas, recuerdo en plena canción mi etapa de estudiante, jamás estudié, de hecho en algunas materias ni siquiera tenía carpeta. Me alcanzaba con prestar atención en clase, o repasar una noche antes de los exámenes para aprobar. Claro que no tuve un promedio de diez, pero me las ingeniaba para aprobar, utilizaba el tiempo de estudio en otras cuestiones mucho más importante para mi existencia, leer a Sábato, estudiar el renacimiento, escuchar blues, dibujar, escribir. Pienso en la primera canción que compuse, un country en La Menor, y pienso que casi veinte años después aun continúo componiendo en La Menor, de progreso simplemente las ganas, pero cuando se hace de las limitaciones una virtud, la honestidad del proyecto es más fuerte, y por ende, también la calidad. Sonrío sabiendo que los grandes clásicos de la música están compuestas en esa misma tonalidad y me consuelo, solo, como un tonto.
Cuando vuelvo en mí es demasiado tarde, le erré de nota y me perdí. Bauer salva la papas con un arreglo de guitarra interesante a la vez que Lole viaja por su batería como si supiera, caemos los tres juntos y la gente explota, hasta damos la sensación de haber ensayado nuevas versiones, distintas a la de los discos.
Hago un chiste machista que festejan hasta las mujeres del público. Me ovacionan. Escucho del fondo del escenario un insulto que viene de Dolores, digo algo así como que “la abuelita” quiere poner orden, todos me celebran las palabras, me aplauden y Lole queda en ridículo.
La banda cada tanto se pierde. La gente no se da cuenta porque en realidad no nos están escuchando. Una vez John Lennon dijo que “no vinieron a escuchar a The Beatles, vinieron a ver a The Beatles”, algo así estaba aconteciendo en ese momento. Al público prácticamente no le importaba lo que sucedía sobre el escenario, el show eran ellos mismos saltando, cantando, tirando bengalas, humo, el público tiene un ego demasiado grande, compite contra otros públicos de otras bandas, y entonces ya no importa si el grupo musical en cuestión es bueno o malo, mientras ellos demuestren que tienen aguante, y que no paran de gritar un segundo. Me pregunto durante el puente de alguna canción, previo al estribillo que hará explotar a los fans, cual es el sentido de componer melodías a tres voces, hacer arreglos de cuerdas, enloquecer frente a un piano, derretir mi cerebro para que todas las canciones queden presentables, sufrir el pánico previo a cada salida de disco creyendo que todas las canciones son feas, discutir y pelear con los demás en los ensayos, las pruebas de sonido, y todo para nada, porque al final de cuentas nada de eso importa, solo importa que la batería marque el bombo en negra y la gente se encarga del resto.
Me pierdo en mis pensamientos, odio literalmente al público que no me aprecia, me pierdo en la canción, le erro de acorde, pifio también la melodía, estoy en cualquier lado, Braian trata de salvar las papas nuevamente con un solo de guitarra, Lole hace un arreglo interminable con su redoblante para darme tiempo a reaccionar, pero estoy demasiado perdido, ni siquiera sé que tema estamos tocando. Siento bronca e impotencia. Los quiero mandar a todos a la mierda y decirles que no entienden nada. Siento presión en el pecho y el ataque de pánico es inminente. Pienso en Ángela y necesito refugiarme en sus brazos, solo ella me calma en esos momentos, siempre me dice “no dramatices”, y los patitos regresan a su lugar, vuelvo a respirar con normalidad. Pero ella no está.
Bauer se acerca a mí y me dice al oído que “esto no da para más”, la canción ya no tiene arreglo, no hay forma de volver a la armonía y melodía, estamos fuera de tiempo, Lole y Ton, inclusive, ya dejaron de tocar hace un par de compases. El micrófono está abierto y todos escuchan la frase que increíblemente pasará a la historia, el público aplaude, celebra, festeja, con el tiempo se harían banderas con esas palabras, se estamparían remeras, una locura demencial.
Dejamos de tocar. Lole me putea desde el fondo. Me doy vuelta y le digo que si Ángela estuviese acá esto no habría pasado. La culpo a ella por la ausencia de mi chica. Me señala con el palillo de la batería y no alcanzo a oír lo que me dice, pero sé que no son piropos ni cariñitos. Solo para provocarla toco en mi teclado los acordes de Represión, el emblemático tema de los Violadores. Lole explota.
-No le festejen todo chicos, pasaron cosas graves afuera, hay gente internada – dice desde su micrófono.
La gente obedece y se calla. Yo estallo. Me doy vuelta y le grito que no se meta, que es mi banda y por ende mi público.  Ella parece no inmutarse, y con un suave “paramos cinco minutos chicos, ya volvemos” se retira del escenario directo a los camarines. Yo corro tras ella con todas las intenciones de matarla, o al menos golpearla con brutalidad. La gente de seguridad me detiene a tiempo. Lole me mira desde el rincón asustada, jamás se imaginó que mi reacción podría ser esa.
Finalmente luego de varios minutos de interminables insultos y empujones me calmo, me tranquilizo. Rompo en llanto y Dolores no tiene otra alternativa que consolarme, yo sé que en el fondo me entiende, y que es solo cuestión de tiempo para que esta bronca que hay entre los dos se apacigüe. Me pregunta si puedo quedarme solo un par de minutos, le digo que sí. Ella se aleja y habla desde su celular con alguien, lo hace en voz baja. Escucho al público impacientarse. Cantan que si no salimos de nuevo se va a armar quilombo, putean a la policía, a Pappo, comienzan los silbidos y aplausos y el aire se enrarece, todo se torna más tenso. Dolores se me acerca y me pasa el celular para que hable.
-Hola amor, ¿qué pasó? – del otro lado Ángela suena más dulce que nunca, y la paz regresa a mí, y si afuera la gente se mata ya deja de ser mi problema.
Ángela me dice que está bien, que ya pasó lo peor, que no le importan las vueltas legales que su familia pueda llegar a hacer, que ella va a estar siempre conmigo, que lo que le pasó fue solo un susto, que me necesita a su lado para poder mejorarse, y varias mentiras más, sé que me está mintiendo, pero me genera ternura que mienta así para hacerme sentir bien. Uno no miente por cualquiera, miente por alguien a quien quiere, las mentiras piadosas encierran en sí un amor incondicional. Vuelvo a pensar por mí mismo, regreso a la realidad. El zumbido desaparece y todo vuelve a ser normal.
-Tenemos que salir – me susurra Dolores apoyando su mano contra mi hombro. Asiento.
Regresamos a escena bajo una lluvia de aplausos. El público coreó mi nombre hasta que los interrumpimos con los acordes de Lucy Goes, una bonita canción con un estribillo pegadizo con destino de hit radial.
De repente todo eso que tanto odiaba ahora lo disfruto. Ese es el poder de Ángela sobre mí, y tengo tiempo de alejarme mentalmente a un tema de Javier Calamaro, donde afirma que “el poder que tenés sobre mí ya me aleja de la oscuridad”, y entonces la gente saltando y cantando ya no me molesta, ya no me importa que no nos estén escuchando, somos la excusa perfecta para que esa gente pase un buen momento, somos mártires que sufren para que otros sean felices, y eso en el fondo me reconforta. Arengo al público diciéndoles que qué les pasa que están tan cansados, y por una cuestión de mero orgullo los cantos se intensifican, y nadie se atreve a permanecer quieto por temor a ser tildado de pecho frío o careta. Cuando las luces los iluminan puedo ver las sonrisas en sus rostros, algunos viajaron desde muy lejos, están sin dormir, sin comer, afuera la policía los cagó a palos, y aun así están felices. Ángela puede hacerme ver el lado positivo de las cosas. Gracias a ella puedo ver y disfrutar la belleza del caos, ella me hace sentir que “sacar belleza de este caos es virtud”.
Al tocar la canción Cowgirl todo se desmadró, esa es una canción que compuse para Ángela, para que pudiera mantener el ritmo al compás del bombo en negra en 128 BPM, sé que le gustó, y se tomó con humor el título del tema, que hace referencia a su postura favorita.
-Hago el amor a 128 BPM – se ríe cuando está de buen humor, y verla reír es hermoso, es, simplemente, “una copa de la mejor cuando se ríe”.
La mayoría de las mujeres presentes se quitaron las remeras y sostenes, dejando sus pechos al aire, cabalgando sobre los hombres de los hombros que las sostenían. ¿El problema? Algunas eran menores de edad, y además había un fiscal actuando de oficio, quien no tardaría en denunciarme por incentivar a la promiscuidad y obscenidades en público. Así de al pedo está la justicia en Argentina.
El show terminó con el himno Warsaw, coreado por todos con los encendedores en alto haciendo flamear las llamas, y Whisky puso punto final a la velada.
El regreso al hotel fue similar al de nuestro show pasado. Bauer se fue con una hermosa rubia, Ton sacaba punta a sus lápices porque había conseguido dos chicas que posarían para él, Dolores y su pasajera pareja se fueron sin despedirse despertando los ratones de todos los presentes.
En el hotel me esperaba una inmensa guardia de periodistas a los que ignoré por completo a sabiendas que no tardarían en carnearme en vivo desde sus respectivos programas. Mi habitación estaba extrañamente ordenada, fría, oscura y solitaria. Envié un par de mensajes a Ángela pero no obtuve respuesta a pesar de ver que los mensajes habían sido recibidos y leídos.
Siempre llevo conmigo cuando viajo un ejemplar de Sobre Héroes y Tumbas o El Túnel que leo aleatoriamente en la página que caiga al abrir el libro, la literatura es una buena medicina para dormir. Claro que con el grado de insomnio avanzado que poseo las páginas se suceden una tras otra y el sueño no llega. Reflexiono sobre las novelas de Sábato, en El Túnel mata a la mujer que ama, y en Sobre Héroes y Tumbas muere la mujer que amamos todos. Pienso en Ángela. ¿Qué estaría haciendo? ¿Qué pensaría? ¿Estaría soñando?
Me doy cuenta que no puedo vivir sin ella, y eso es un problema. Nuevamente Calamaro regresa a mí con su doloroso “ella no va a volver y la pena me empieza a crecer adentro”, no hay plan B. Es ella o ninguna, básicamente porque no existe otra persona capaz de soportarme, digamos, yo podría enamorarme de miles de mujeres más, pero ninguna de esas miles concretaría un amor real hacia mí. Pero al hacer esa reflexión interna pienso que nada me garantiza que Ángela sí sienta amor por mí.
Soy mi propio verdugo. Soy el prisionero bajo la guillotina y el hombre en cuero con una capucha negra en la cabeza. Soy el pez, la boca y el anzuelo. Siempre supe, o al menos sospeché, que al final solo seriamos mi mente y yo. Mi poema Silencio Estampado pudo haber funcionado en su momento como algo visionario, “¿Soy yo en tu cuerpo o vos en mi mente?”, para el caso es lo mismo. Me encontraba solo por mis propios actos. Abandonado. Frustrado. Con culpa.
Ángela es una tentación constante, tenerla ebria o drogada solo para mí es un acto de egoísmo sin precedentes. Ella es una mujer libre y eso me altera, me desacomoda la estantería, odio su libertad. Escribo en mi libreta de poemas “cuidado nena, se te enfría en corazón con tanta libertad”, algún día eso será un poema completo.
La única forma de tenerla conmigo es haciéndole daño, y eso casi la lleva a la muerte en un par de ocasiones. Soy el autor intelectual de estos crímenes perfectos, y sin darme cuenta, también soy víctima de ellos.


viernes, 3 de junio de 2016

No me habla de Amor

Ella no me habla de amor
tiene otras pasiones de las cuales hablar,
por ejemplo, es cinéfila
estudió cine y es aficionada a la fotografía
sabe hablar inglés y estudia italiano,
a veces sus padres le prestan el auto
otras veces camina,
lo hace por la playa
en el circuito aeróbico del parque
o simplemente va a pie
a los cursos a los que concurre.
Ella no me habla de amor
me dice que se siente frustrada
sus ojos brillan cuando sonríe
y es linda cuando eso sucede
pero generalmente están apagados
pensantes
tristes
dormidos
distantes
me pregunto qué cosas la harán feliz
cuando habrá sido su último momento
de felicidad y con quién habrá sido.
A veces la observo durante largos
segundos, tratando en vano
que nuestras miradas se crucen
y generen algún tipo de vínculo
alguna extraña complicidad que nunca llega.
Ella no me habla de amor
no sé si está en pareja
ni cuantos novios tuvo,
no sé si le gusta ver el amanecer
ni que tipo de literatura guarda
en su biblioteca.
No sé a cuantos hombres habrán besado
sus labios, o si alguna vez habrán
besado a una mujer
no sé cuando fue la última vez que lloró
ni el motivo.
Solo sé que cada vez que la veo llegar
algo en mi interior cambia, se estremece
y me obliga a ser mejor
educado
atento
caballero.
También sé que nunca la veré desnuda
ni con sus ojos cerrados
y lo que es mucho peor
sé que nunca llegaré
realmente a conocerla.

lunes, 23 de mayo de 2016

Una Película Europea - Capítulo III

Tengo insomnio.
Siempre tengo insomnio.
Cuando siento esas inmensas ganas de dormir me recuesto semi desmayado en la cama, pero cometo el error de encender el televisor, y toda chance de dormir, de dormitar al menos, se desvanece, se esfuma como la esperanza de un enfermo terminal al que no le salen bien los últimos estudios. Me doy cuenta que tengo una obsesión. Lo primero que hago es poner el volumen en un número múltiplo de cinco. Una vez compré un televisor que cuando se subía o bajaba el volumen no medía en números, sino una escalerita de barras. Fui al local y pedí que me lo cambiaran.
-Disculpe – le dije al vendedor – Pero este televisor tiene un defecto.
-Dígame cual y la garantía lo cubre.
-El volumen no se marca con números.
Luego de consultar con el gerente, y dado que solo había tenido el televisor no más de un par de horas, accedieron a cambiármelo por uno que sí midiera el volumen en números. Fue lo que se dice una gauchada.
Mi obsesión continúa con el orden de los canales. Voy directamente al último de los deportes. De ahí bajo y miro los demás canales deportivos. Lo de siempre, fútbol americano, fútbol, básquet, un especial de pesca, y otro de deportes extremos. De ahí paso los canales altos, los de las películas. Visito el canal europeo, I-Sat (a quien le debo grandes inspiraciones e influencias), recuerdo que una vez me dijeron que She Dances With the Rain, una canción que forma parte del primer disco, era “una canción de película de I-Sat”, lo tomé como un piropo. Desde ahí bajo a los canales de noticias para terminar regresando a la mejor opción deportiva. Subo un poco el volumen, bueno, un poco, mínimo a cinco que no es tan suave.
Ángela se asoma a la habitación. Acaba de bañarse y viste con una bata y sus cabellos están envueltos en una toalla. Lava sus dientes, siempre lava sus dientes, tiene un TOC, yo tengo varios, no me molesta que ella tenga algunos, hasta puedo afirmar que una persona sin TOCs no es digna de respeto. A veces me pregunto si contar la cantidad de TOCs propios es un TOC en sí mismo. Ella tiene una expresión de desconcierto.
-¿Estás mirando porno? – me consulta con toda la intención de comenzar una discusión.
-No, no, es un partido de Sharapova, la tenista.
-Ah – dice estirando el cuello para ver la pantalla – Pensé que estabas mirando porno – se da vuelta y regresa al baño.
Amo los puntos largos de Sharapova. ¿Quién no ama los puntos largos de Sharapova? Un peloteo ida y vuelta de varios golpes. Odio cuando gana un punto rápido o deja la pelota en la red, insulto al aire cuando hace un Ace. En mi trilogía poética, esa que finalmente quedó cancelada por bajas ventas, hay un poema dedicado a la deportista, se titula “Una Diosa Rusa”, a mí me gusta.
Ángela regresa ya sin la toalla en la cabeza. Sus cabellos húmedos y sin desenredar se ven más oscuros que cuando están secos. Se levanta la bata como si se tratara de un vestido para poder acomodarse mejor sobre mí, en esa posición que todo lo puede.
-¿Te calienta Sharapova? – me susurra al oído, suave, provocativa y sensual. Ángela no conoce otra forma de susurrar.
-No – le miento.
Me besa. Su boca sabe a menta de dentífrico. La abrazo por la cintura. Está delgada. Durante su internación perdió varios kilos y no pudo recuperarlos. Se siente débil. Se cansa con más facilidad. Eso no la detiene. Para recuperar aire apacigua sus movimientos. Ya no es tan salvaje como antes. Se agita pero se niega a cambiar de posición. Mi teléfono celular suena. La pantalla anuncia que Dolores me está llamando.
-No la atiendas – susurra, siempre sensual, Ángela al borde del clímax intensificando de manera imperceptible sus movimientos.
Sé por experiencia que no responder una llamada de Dolores tiene consecuencias graves, “si te llamo me atendés, ok”, no es de llamar por pavadas, para charlar un rato o para hablar sobre el último capítulo de Death Note, anime que vemos y del que somos fanáticos. Además siempre me dice que “si no me atendés no sé si estás muerto, si te secuestraron o si te metiste en una secta”, viniendo de mí, todas las opciones son válidas.
Atiendo.
-Rocker – dice - ¿Qué estás haciendo?
Ángela exagera (o finge) su orgasmo. Dice Solari, “no es sincera pero te gusta oírla”, amén. Se hace un silencio en la comunicación telefónica. Sé que Dolores debe estar puteando para sus adentros. A mí, a ella, a Dios y a María Santísima.
-Nada – respondo – Miro un partido de Sharapova.
-Ah – también exagera su asombro estirando la letra A – Mirando un partido de Sharapova – repite.
Otro silencio interminable. Ángela se levanta y regresa al baño.
-¿Pasó algo? – me intrigo.
-No nada, te quería avisar que el disco sale el Lunes y que tocamos en San Luis en tres semanas para presentarlo.
Corta la comunicación sin despedirse. Sé, también por experiencia, que se viene un tiempo de discusiones. Lo mismo de siempre. Ángela va a querer viajar con nosotros. Dolores no va a querer que venga. Me van a decir a mí que elija, y allí se produce el grato momento de todo hombre donde se encuentra hazañosamente entre la espada y la pared.
      Me pongo nervioso. Me duele el estómago, no tanto por esa futura,  inevitable y ya clásica pelea, saber que voy a tener que subir a escena nuevamente me altera. Otra vez la lista de temas. Otra vez la presión. Otra vez los periodistas, la policía. Siento presión en el pecho. Nudos en el estómago. Se me enfrían las manos, y si no mantengo la calma sé que terminaré en el hospital conectado a cables haciéndome un chequeo del corazón. Respiro profundo. Camino hasta el mini bar. Cada vez tenemos menos botellas, y las que nos quedan están por la mitad. Le pregunto a Ángela si quiere tomar algo sabiendo cuál será su respuesta.
      Desde su internación Ángela se embriaga con mayor facilidad. Pero ya no es lo mismo. Ya no es divertido. El alcohol es algo que realmente la está lastimando. Bebemos juntos un par de tragos. Intentamos, o intento yo, tener sexo con ella, pero no podemos. Su cuerpo no responde. Yace desmayada. Inerte. Dormida. Zombie. Podría utilizar su cuerpo inerte como muñeca inflable, pero es más divertido con ella despierta.
Mientras la observo dormir recuerdo las palabras de su amiga, “le estás cagando la vida”, me gritó hace unos años cuando me responsabilizaban, con razón, de ser yo el encargado de facilitarle la marihuana. Victoria en ese tiempo me recordó que “es una pendeja boludo, ubicate”, Dolores me dijo que iba a terminar en cana, pero los hombres del clan me arengaban, me alababan, hasta sentían envidia, frases como “qué caramelo te estás comiendo”, solo conseguían incrementar mi deseo de no perderla y no dejarla tranquila.
      Ella está medicada. No debería tomar alcohol. Yo le facilito el alcohol. La regla de tres simples no me hace quedar nada bien. En una de nuestras tantas peleas me gritó que “sos lo peor que me pasó en la vida”, en ese momento sentí algo similar, ¿qué tan bueno era estar junto a ella? Pienso en las ensaladas que repudia Bukowski, y me ilusiono con pensar que quizás sean una buena solución, aunque claro, la historia no será buena. Ángela tose y me invade un sentimiento de culpa demoledor. La levanto con cuidado, no es muy pesada, y la acomodo sobre mi pecho para abrazarla mejor.
      Ella fue la primera en escuchar el disco completo, primero los demos o algunas melodías o arpegios desde mi guitarra, siempre dice que le gusta escucharme tocar la guitarra o el piano. Sobre el disco terminado dice que le gusta, que hay una madurez musical, le gustan las melodías y las texturas. Cuando cocina o hace gelatina para el postre tararea los temas, tiene uno preferido, según ella European Movie le salvó la vida, “me hipnotizó, no podía dejar de escucharla”, me confesó unos días después de su alta.

      Le pregunto si me ama, pero “está dormida, o finge que duerme”, Solari inspirado es infalible.

lunes, 16 de mayo de 2016

Una Película Europea - Capítulo II

Tengo insomnio.
Siempre tengo insomnio.
No debe existir lugar más incómodo para sufrir de insomnio que la sala de espera de una clínica. Es allí una especie de limbo. No se puede dormir pero tampoco se está del todo despierto. Por momentos ocurren milagros y se cree estar en el cielo, otras ocurren tragedias y nos sentimos en el infierno. La sala de espera en una clínica u hospital es como tirar una moneda al aire y esperar, rezarle a la dicha, al azar, cara vives, cruz mueres. Pienso que “todavía no usé mi milagro de hoy”, me prometo a mí mismo, a sabiendas de la gran mentira que estoy cometiendo, que si Ángela sale ilesa de todo esto comenzaré a cuidarla mejor.
Dolores es la encargada de hablar con los doctores y las enfermeras. Ella es en realidad la encargada de todo. Yo estoy con sueño, o prefiero decir eso a reconocer que estoy en estado de shock, la situación me superó, me pasó por encima y no tengo idea de cómo reaccionar. Su madre llora y me insulta. Sus amigas me golpearon, claro que son mujeres y no llegaron a dañarme. Escucho términos como lavado de estómago, respirador artificial, milagro. No entiendo mucho. No comprendo nada. Por primera vez existe la posibilidad concreta de que la joda se termine. Dolores se me acerca, se sienta a mi lado, me toma con ambas manos y me dice con la voz más dulce y suave del mundo que “ya está, no pasó nada, se va a poner bien”, aun así yo no reacciono. Hay golpes difíciles de asimilar, “y si Dios queda en nada o no existe te amaré mucho más”, le sonrío y respiro profundo.
Entre ellas dos se odian. O al menos es lo que dicen en público, y lo demuestran insultándose, ignorándose, hasta se pelean de manera física con empujones y tirones de pelo. Todos nos conocemos desde hace mucho tiempo. Formamos parte de un clan artístico desde el cual se realizan revistas, libros, documentales, teatro, fotografías, cuadros. En determinado momento Ángela se peleó con Victoria y se alejó del grupo, pero no de mí. Alejarse de Victoria implica, tácitamente, alejarse del resto. Vicky es la líder, al menos para el público, y es quien pone la firma final para los proyectos. Es un Cesar que sube o baja el pulgar. Claro que la última palabra es de ella, pero a nivel artístico es la que menos ha aportado. Pero ahora, viendo la situación, parecen no odiarse demasiado. Se convierten en hermanos en desgracia.
Dolores me muestra su celular con un mensaje de Vicky, donde pregunta cómo está Ángela, que la mantenga al tanto de todo, que va a rezar por ella y que cualquier cosa le avisemos. En el fondo se quieren. O quedó algo de amor. Vicky también pregunta por mí, quiere saber como estoy y me manda un beso. Se me humedecen los ojos y Dolores me abraza.
-Encima tengo que declarar ante el juez – digo y causo la risa de mi amiga.
Dos días después Ángela es dada de alta. Salió caminando por la puerta grande. Con la ayuda de un doctor porque se sentía muy débil. Se resistió hasta el final a ser trasladada en silla de ruedas. Estaba en silencio y cuando intentó hablar su voz sonó rara, me explicaron que unos días le costaría y hasta le dolería hablar porque debieron usar muchos tubos, pero que no es nada grave. A ella parece no importarle, “si fuese cantante les haría juicio, pero ni eso”, dice con esfuerzo. Los doctores ya tranquilos y en esa confianza que genera el hecho de saber que todo está bien afirman que “no entendemos cómo no se murió”, me preguntan qué fue lo que hice para mantenerla despierta.
-Le hice escuchar una canción – respondo.
Mientras nos subimos al auto veo que algunos chicos nos toman fotografías intentando ser disimulados. No lo consiguen. No puedo creer que nos molesten en ese momento. Les obsequio a la distancia un Fuck You que no tardaría en viralizarse en la web. Veo venir artículos y notas amarillistas. Veo venir diversas teorías sobre lo sucedido desde el mundillo del cyber espacio, ese lugar hermoso y anónimo donde uno puede decir barbaridades sin vergüenza ni culpa. En ese espacio, en realidad, uno puede ser tal cual es, no necesita mentir, desde allí se pueden hacer comentarios racistas, sexistas, machistas, y todo sin el riesgo de ser denunciado. Una parte de mí no ve la hora de encender el ordenador para leer esas fábulas, algunas son extremadamente creativas, y no se tardan en crear historias de conspiración, venta de almas, rituales paganos. En la Internet soy todo lo que se imaginan, desde puto hasta satánico.
Esta vez fueron teorías simples, el público no se sentiría inspirado, me decepcionaron, porque fueron a lo seguro, que Ángela estaba embarazada y acababa de abortar, que había intentado suicidarse, chequeo de rutina, inseminación artificial, que quería agrandarse las tetas. Pero hubo una teoría que me llamó la atención. Desde las distintas redes sociales de la banda un usuario con el pseudónimo ArielitoStone89 escribió lo siguiente.
“Mi tío fue el camillero que la fue a buscar, escuchó que los doctores decían que se iba a morir en el camino, que estaba re pasada de merca mal, hasta la hicieron esperar un poco en la guardia porque sabían que no tenía chances de vivir, pero vivió. Y no vivió gracias a la ciencia ni los doctores ni nada de eso. Ella iba escuchando una canción, no se separó de la música ni un minuto. Dicen que es una canción nueva de Los Educadores que va a estar en el próximo disco. Tiene magia. Creer o reventar”.
Algunos fans se emocionaron y hablaron maravillas. Otros detractores nos re putearon. Algunos pedían enlace para descargar el tema. Otro sencillamente contó una historia similar que aparentemente le había pasado a una de sus primas y que la misma canción la había ayudado a sobrevivir. Raro, porque la canción solo la tenía yo.
-¿Qué te pareció la canción nueva? – le pregunté a Ángela que bebía un té caliente desde la cama mientras miraba una película de Toy Story. Respondió cerrando su puño y levantando su pulgar dándole su aprobación.

En la web ya se hablaba de disco nuevo, muchos pedían nueva fecha, nos pedían que visitemos sus ciudades, y si bien no estaba en nuestros planes hacerlo, al día siguiente mostré a la banda algunos demos para comenzar con los ensayos para la grabación del tercer disco de Los Educadores.

miércoles, 13 de abril de 2016

El Espejo Siniestro

Verte naufragar así es un misterio
descubro desde el tacto tus deseos
y así descontracturo todos tus nudos
con solo mover un par de dedos.

Si hay placer no hay dolor
se destiñe tu voz.

Soy el mango del puñal
que entra en tu cuerpo
la carne se adormece sin riesgo.

Preguntame a dónde van
todos mis miedos
después que los convierto
en deseos.

Dame un Dios y soñá
con un manto de piedad
mentiroso el final
¿el cielo dónde está?

El infierno puede ser muy divertido
bailando con el Demonio correcto.

Tu mirada me hace ver
todas las dudas
que plasma aquel espejo siniestro.

lunes, 11 de abril de 2016

El Vino de la Copa

Ayer conté las veces que pensé en ella.

La primera cuando me desperté e imaginé
que dormitaba a mi lado.

Después al mirarme al espejo y ver de
la nada su rostro, nunca la vi recién
despierta, despeinada y con los ojos
inflamados.

Más tarde en la parada del colectivo,
todas las mujeres con algo rosa en su ropa
me transportan a ella.

En el trabajo la imagino trabajando,
responiendo el teléfono con educación,
atendiendo a los clientes con simpatía,
coqueteando con sus compañeros
haciendo comentarios pícaros con sonrisas
cómplices, y me pregunto con cual de todos
ellos se estará acostando.

La imagino por las tardes en sus clases de
gimnasia y pienso en cómo le irá con sus
clases de pintura.

En la cena me lamento no tener el valor
de invitarla a cenar, e imagino cómo se
vestiría en una posible cena, la imagino
con el cabello recogido, un vestido rojo y
corto, con un collar en su cuello que ayudaría
a resaltar la desnudez de sus hombros.

Pienso en ella bebiendo el vino de la copa
la escucho confesarme sus secretos
llorar sus temores
pienso que me diría el número de hombres a
los que les rompió el corazón
y la veces que se lo rompieron a ella.

La imagino con sus ojos cerrados
y la boca entre abierta
veo su espalda a la luz de la Luna que
ingresa por la ranura de la ventana
veo, ahora, su cabello suelto
la observo recostada y en cuclillas.

Ayer conté las veces que pensé en ella
pero perdí la cuenta.

jueves, 7 de abril de 2016

Dos Amores

La chica del gorro de lana rojo camina
llevando un skate en su mano izquierda
y una mochila negra y rosa en su espalda.
La observo desde el banco de la plaza
rodeado de chicos con viseras y una rubia
que mira su celular a cada momento.
Una señora lee bajo la luz del farol sin
temor a ser asaltada, hay dos perros
que amenazan con pelearse pero
terminan jugando.


La chica del gorro de lana rojo es flaca,
rubia, parece tener ojos claros,
y me pregunto a dónde irá, con quién
irá, a qué irá, me pregunto también si
ya lo habrá hecho, con quién lo habrá hecho,
cuándo lo habrá hecho, pienso en cómo lo hará
y me la imagino haciéndolo.
Como una fiera con hambre que persigue a
una hembra en celo, me incorporo y
la sigo, llevo conmigo dos remeras que acabo
de comprar en oferta y un libro que pienso
regalar.


La pierdo de vista porque me distrae un
cuarteto de cuerdas que toca en vivo en
las puertas del Banco Provincia una bella
obra de Tchaikovski.

Uno de los violines es tocado por una
chica flaca, sin curvas que exciten, sin una
cara bonita ni rasgos amables, los otros
dos son ejecutados por chicos con barba,
supongo que uno de ellos es su novio
porque se miran y se sonríen, entran juntos
en cada compás y cierran sus ojos, como
si alcanzaran juntos el orgasmo, el
violoncelo marca el pulso de la mano de
un gordito que solo se ríe y mira a la
gente.


Me alegro de haber olvidado mi cámara
de fotos para inmortalizar el momento, la
chica sin ser linda me llega al corazón con
su música y su talento, me enamoro a tal
punto que siento ganas de llorar, la amo.


Me retiro.


La chica del gorro de lana rojo ya es un
recuerdo, la chica del violín un sutil dolor,
y así pasaron fugazmente por mi vida dos
posibles amores, amantes, amigas
que ya no volveré a ver.