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lunes, 23 de mayo de 2016

Una Película Europea - Capítulo III

Tengo insomnio.
Siempre tengo insomnio.
Cuando siento esas inmensas ganas de dormir me recuesto semi desmayado en la cama, pero cometo el error de encender el televisor, y toda chance de dormir, de dormitar al menos, se desvanece, se esfuma como la esperanza de un enfermo terminal al que no le salen bien los últimos estudios. Me doy cuenta que tengo una obsesión. Lo primero que hago es poner el volumen en un número múltiplo de cinco. Una vez compré un televisor que cuando se subía o bajaba el volumen no medía en números, sino una escalerita de barras. Fui al local y pedí que me lo cambiaran.
-Disculpe – le dije al vendedor – Pero este televisor tiene un defecto.
-Dígame cual y la garantía lo cubre.
-El volumen no se marca con números.
Luego de consultar con el gerente, y dado que solo había tenido el televisor no más de un par de horas, accedieron a cambiármelo por uno que sí midiera el volumen en números. Fue lo que se dice una gauchada.
Mi obsesión continúa con el orden de los canales. Voy directamente al último de los deportes. De ahí bajo y miro los demás canales deportivos. Lo de siempre, fútbol americano, fútbol, básquet, un especial de pesca, y otro de deportes extremos. De ahí paso los canales altos, los de las películas. Visito el canal europeo, I-Sat (a quien le debo grandes inspiraciones e influencias), recuerdo que una vez me dijeron que She Dances With the Rain, una canción que forma parte del primer disco, era “una canción de película de I-Sat”, lo tomé como un piropo. Desde ahí bajo a los canales de noticias para terminar regresando a la mejor opción deportiva. Subo un poco el volumen, bueno, un poco, mínimo a cinco que no es tan suave.
Ángela se asoma a la habitación. Acaba de bañarse y viste con una bata y sus cabellos están envueltos en una toalla. Lava sus dientes, siempre lava sus dientes, tiene un TOC, yo tengo varios, no me molesta que ella tenga algunos, hasta puedo afirmar que una persona sin TOCs no es digna de respeto. A veces me pregunto si contar la cantidad de TOCs propios es un TOC en sí mismo. Ella tiene una expresión de desconcierto.
-¿Estás mirando porno? – me consulta con toda la intención de comenzar una discusión.
-No, no, es un partido de Sharapova, la tenista.
-Ah – dice estirando el cuello para ver la pantalla – Pensé que estabas mirando porno – se da vuelta y regresa al baño.
Amo los puntos largos de Sharapova. ¿Quién no ama los puntos largos de Sharapova? Un peloteo ida y vuelta de varios golpes. Odio cuando gana un punto rápido o deja la pelota en la red, insulto al aire cuando hace un Ace. En mi trilogía poética, esa que finalmente quedó cancelada por bajas ventas, hay un poema dedicado a la deportista, se titula “Una Diosa Rusa”, a mí me gusta.
Ángela regresa ya sin la toalla en la cabeza. Sus cabellos húmedos y sin desenredar se ven más oscuros que cuando están secos. Se levanta la bata como si se tratara de un vestido para poder acomodarse mejor sobre mí, en esa posición que todo lo puede.
-¿Te calienta Sharapova? – me susurra al oído, suave, provocativa y sensual. Ángela no conoce otra forma de susurrar.
-No – le miento.
Me besa. Su boca sabe a menta de dentífrico. La abrazo por la cintura. Está delgada. Durante su internación perdió varios kilos y no pudo recuperarlos. Se siente débil. Se cansa con más facilidad. Eso no la detiene. Para recuperar aire apacigua sus movimientos. Ya no es tan salvaje como antes. Se agita pero se niega a cambiar de posición. Mi teléfono celular suena. La pantalla anuncia que Dolores me está llamando.
-No la atiendas – susurra, siempre sensual, Ángela al borde del clímax intensificando de manera imperceptible sus movimientos.
Sé por experiencia que no responder una llamada de Dolores tiene consecuencias graves, “si te llamo me atendés, ok”, no es de llamar por pavadas, para charlar un rato o para hablar sobre el último capítulo de Death Note, anime que vemos y del que somos fanáticos. Además siempre me dice que “si no me atendés no sé si estás muerto, si te secuestraron o si te metiste en una secta”, viniendo de mí, todas las opciones son válidas.
Atiendo.
-Rocker – dice - ¿Qué estás haciendo?
Ángela exagera (o finge) su orgasmo. Dice Solari, “no es sincera pero te gusta oírla”, amén. Se hace un silencio en la comunicación telefónica. Sé que Dolores debe estar puteando para sus adentros. A mí, a ella, a Dios y a María Santísima.
-Nada – respondo – Miro un partido de Sharapova.
-Ah – también exagera su asombro estirando la letra A – Mirando un partido de Sharapova – repite.
Otro silencio interminable. Ángela se levanta y regresa al baño.
-¿Pasó algo? – me intrigo.
-No nada, te quería avisar que el disco sale el Lunes y que tocamos en San Luis en tres semanas para presentarlo.
Corta la comunicación sin despedirse. Sé, también por experiencia, que se viene un tiempo de discusiones. Lo mismo de siempre. Ángela va a querer viajar con nosotros. Dolores no va a querer que venga. Me van a decir a mí que elija, y allí se produce el grato momento de todo hombre donde se encuentra hazañosamente entre la espada y la pared.
      Me pongo nervioso. Me duele el estómago, no tanto por esa futura,  inevitable y ya clásica pelea, saber que voy a tener que subir a escena nuevamente me altera. Otra vez la lista de temas. Otra vez la presión. Otra vez los periodistas, la policía. Siento presión en el pecho. Nudos en el estómago. Se me enfrían las manos, y si no mantengo la calma sé que terminaré en el hospital conectado a cables haciéndome un chequeo del corazón. Respiro profundo. Camino hasta el mini bar. Cada vez tenemos menos botellas, y las que nos quedan están por la mitad. Le pregunto a Ángela si quiere tomar algo sabiendo cuál será su respuesta.
      Desde su internación Ángela se embriaga con mayor facilidad. Pero ya no es lo mismo. Ya no es divertido. El alcohol es algo que realmente la está lastimando. Bebemos juntos un par de tragos. Intentamos, o intento yo, tener sexo con ella, pero no podemos. Su cuerpo no responde. Yace desmayada. Inerte. Dormida. Zombie. Podría utilizar su cuerpo inerte como muñeca inflable, pero es más divertido con ella despierta.
Mientras la observo dormir recuerdo las palabras de su amiga, “le estás cagando la vida”, me gritó hace unos años cuando me responsabilizaban, con razón, de ser yo el encargado de facilitarle la marihuana. Victoria en ese tiempo me recordó que “es una pendeja boludo, ubicate”, Dolores me dijo que iba a terminar en cana, pero los hombres del clan me arengaban, me alababan, hasta sentían envidia, frases como “qué caramelo te estás comiendo”, solo conseguían incrementar mi deseo de no perderla y no dejarla tranquila.
      Ella está medicada. No debería tomar alcohol. Yo le facilito el alcohol. La regla de tres simples no me hace quedar nada bien. En una de nuestras tantas peleas me gritó que “sos lo peor que me pasó en la vida”, en ese momento sentí algo similar, ¿qué tan bueno era estar junto a ella? Pienso en las ensaladas que repudia Bukowski, y me ilusiono con pensar que quizás sean una buena solución, aunque claro, la historia no será buena. Ángela tose y me invade un sentimiento de culpa demoledor. La levanto con cuidado, no es muy pesada, y la acomodo sobre mi pecho para abrazarla mejor.
      Ella fue la primera en escuchar el disco completo, primero los demos o algunas melodías o arpegios desde mi guitarra, siempre dice que le gusta escucharme tocar la guitarra o el piano. Sobre el disco terminado dice que le gusta, que hay una madurez musical, le gustan las melodías y las texturas. Cuando cocina o hace gelatina para el postre tararea los temas, tiene uno preferido, según ella European Movie le salvó la vida, “me hipnotizó, no podía dejar de escucharla”, me confesó unos días después de su alta.

      Le pregunto si me ama, pero “está dormida, o finge que duerme”, Solari inspirado es infalible.

lunes, 16 de mayo de 2016

Una Película Europea - Capítulo II

Tengo insomnio.
Siempre tengo insomnio.
No debe existir lugar más incómodo para sufrir de insomnio que la sala de espera de una clínica. Es allí una especie de limbo. No se puede dormir pero tampoco se está del todo despierto. Por momentos ocurren milagros y se cree estar en el cielo, otras ocurren tragedias y nos sentimos en el infierno. La sala de espera en una clínica u hospital es como tirar una moneda al aire y esperar, rezarle a la dicha, al azar, cara vives, cruz mueres. Pienso que “todavía no usé mi milagro de hoy”, me prometo a mí mismo, a sabiendas de la gran mentira que estoy cometiendo, que si Ángela sale ilesa de todo esto comenzaré a cuidarla mejor.
Dolores es la encargada de hablar con los doctores y las enfermeras. Ella es en realidad la encargada de todo. Yo estoy con sueño, o prefiero decir eso a reconocer que estoy en estado de shock, la situación me superó, me pasó por encima y no tengo idea de cómo reaccionar. Su madre llora y me insulta. Sus amigas me golpearon, claro que son mujeres y no llegaron a dañarme. Escucho términos como lavado de estómago, respirador artificial, milagro. No entiendo mucho. No comprendo nada. Por primera vez existe la posibilidad concreta de que la joda se termine. Dolores se me acerca, se sienta a mi lado, me toma con ambas manos y me dice con la voz más dulce y suave del mundo que “ya está, no pasó nada, se va a poner bien”, aun así yo no reacciono. Hay golpes difíciles de asimilar, “y si Dios queda en nada o no existe te amaré mucho más”, le sonrío y respiro profundo.
Entre ellas dos se odian. O al menos es lo que dicen en público, y lo demuestran insultándose, ignorándose, hasta se pelean de manera física con empujones y tirones de pelo. Todos nos conocemos desde hace mucho tiempo. Formamos parte de un clan artístico desde el cual se realizan revistas, libros, documentales, teatro, fotografías, cuadros. En determinado momento Ángela se peleó con Victoria y se alejó del grupo, pero no de mí. Alejarse de Victoria implica, tácitamente, alejarse del resto. Vicky es la líder, al menos para el público, y es quien pone la firma final para los proyectos. Es un Cesar que sube o baja el pulgar. Claro que la última palabra es de ella, pero a nivel artístico es la que menos ha aportado. Pero ahora, viendo la situación, parecen no odiarse demasiado. Se convierten en hermanos en desgracia.
Dolores me muestra su celular con un mensaje de Vicky, donde pregunta cómo está Ángela, que la mantenga al tanto de todo, que va a rezar por ella y que cualquier cosa le avisemos. En el fondo se quieren. O quedó algo de amor. Vicky también pregunta por mí, quiere saber como estoy y me manda un beso. Se me humedecen los ojos y Dolores me abraza.
-Encima tengo que declarar ante el juez – digo y causo la risa de mi amiga.
Dos días después Ángela es dada de alta. Salió caminando por la puerta grande. Con la ayuda de un doctor porque se sentía muy débil. Se resistió hasta el final a ser trasladada en silla de ruedas. Estaba en silencio y cuando intentó hablar su voz sonó rara, me explicaron que unos días le costaría y hasta le dolería hablar porque debieron usar muchos tubos, pero que no es nada grave. A ella parece no importarle, “si fuese cantante les haría juicio, pero ni eso”, dice con esfuerzo. Los doctores ya tranquilos y en esa confianza que genera el hecho de saber que todo está bien afirman que “no entendemos cómo no se murió”, me preguntan qué fue lo que hice para mantenerla despierta.
-Le hice escuchar una canción – respondo.
Mientras nos subimos al auto veo que algunos chicos nos toman fotografías intentando ser disimulados. No lo consiguen. No puedo creer que nos molesten en ese momento. Les obsequio a la distancia un Fuck You que no tardaría en viralizarse en la web. Veo venir artículos y notas amarillistas. Veo venir diversas teorías sobre lo sucedido desde el mundillo del cyber espacio, ese lugar hermoso y anónimo donde uno puede decir barbaridades sin vergüenza ni culpa. En ese espacio, en realidad, uno puede ser tal cual es, no necesita mentir, desde allí se pueden hacer comentarios racistas, sexistas, machistas, y todo sin el riesgo de ser denunciado. Una parte de mí no ve la hora de encender el ordenador para leer esas fábulas, algunas son extremadamente creativas, y no se tardan en crear historias de conspiración, venta de almas, rituales paganos. En la Internet soy todo lo que se imaginan, desde puto hasta satánico.
Esta vez fueron teorías simples, el público no se sentiría inspirado, me decepcionaron, porque fueron a lo seguro, que Ángela estaba embarazada y acababa de abortar, que había intentado suicidarse, chequeo de rutina, inseminación artificial, que quería agrandarse las tetas. Pero hubo una teoría que me llamó la atención. Desde las distintas redes sociales de la banda un usuario con el pseudónimo ArielitoStone89 escribió lo siguiente.
“Mi tío fue el camillero que la fue a buscar, escuchó que los doctores decían que se iba a morir en el camino, que estaba re pasada de merca mal, hasta la hicieron esperar un poco en la guardia porque sabían que no tenía chances de vivir, pero vivió. Y no vivió gracias a la ciencia ni los doctores ni nada de eso. Ella iba escuchando una canción, no se separó de la música ni un minuto. Dicen que es una canción nueva de Los Educadores que va a estar en el próximo disco. Tiene magia. Creer o reventar”.
Algunos fans se emocionaron y hablaron maravillas. Otros detractores nos re putearon. Algunos pedían enlace para descargar el tema. Otro sencillamente contó una historia similar que aparentemente le había pasado a una de sus primas y que la misma canción la había ayudado a sobrevivir. Raro, porque la canción solo la tenía yo.
-¿Qué te pareció la canción nueva? – le pregunté a Ángela que bebía un té caliente desde la cama mientras miraba una película de Toy Story. Respondió cerrando su puño y levantando su pulgar dándole su aprobación.

En la web ya se hablaba de disco nuevo, muchos pedían nueva fecha, nos pedían que visitemos sus ciudades, y si bien no estaba en nuestros planes hacerlo, al día siguiente mostré a la banda algunos demos para comenzar con los ensayos para la grabación del tercer disco de Los Educadores.

miércoles, 13 de abril de 2016

El Espejo Siniestro

Verte naufragar así es un misterio
descubro desde el tacto tus deseos
y así descontracturo todos tus nudos
con solo mover un par de dedos.

Si hay placer no hay dolor
se destiñe tu voz.

Soy el mango del puñal
que entra en tu cuerpo
la carne se adormece sin riesgo.

Preguntame a dónde van
todos mis miedos
después que los convierto
en deseos.

Dame un Dios y soñá
con un manto de piedad
mentiroso el final
¿el cielo dónde está?

El infierno puede ser muy divertido
bailando con el Demonio correcto.

Tu mirada me hace ver
todas las dudas
que plasma aquel espejo siniestro.